Los seres humanos somos los únicos seres vivos que nos cuestionamos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.
Preguntar “¿qué es el ser humano?” o “¿cómo es el ser humano?”, no sólo tiene una intención metafísica, de mera comprensión para entender qué somos, sino que cobra un sentido ético: saber lo que el ser humano es nos permite relacionarnos y tratarnos entre nosotros de cierta manera.
Como punto de partida, los seres humanos tenemos una naturaleza distinta de los demás seres vivos: somos seres racionales, capaces de autogobernarnos, nos comprendemos como seres individuales, pero a la vez, sociales; asimismo, somos seres sensibles, emocionales, creadores, etcétera.
En ese sentido, no poseemos una sola forma de ser, sino que más bien tenemos modos de ser, ya que somos seres abiertos indeterminados y en construcción.
A lo largo de la historia han sido diversas las formas en las que el ser humano ha sido comprendido en su Ser y su existencia; esto a su vez ha provocado formas distintas de relacionarnos entre nosotros, así como pluralidad de concepciones acerca del valor que poseemos. Sobre este punto podemos tener varios ejemplos presentes en el desarrollo histórico de la humanidad.
En la antigüedad griega y en Roma, la concepción sobre el ser humano se basó en el precio y el reconocimiento o posición sociales que ocupaban los individuos, esto favoreció una idea de superioridad y desigualdad entre los integrantes de una sociedad; por ello, para esa época era perfectamente justificable la esclavitud, pues existían personas más valiosas que otras.
Con la aparición del cristianismo la concepción acerca de la condición humana cobró una nueva dimensión, la cual se fundaba en el vínculo con la divinidad.
Al ser creados a imagen y semejanza de Dios y al ser hijos de Dios, se determinaba que todos los seres humanos eran iguales, por tanto, valían lo mismo dado que la creación, la redención y la salvación es para todas las personas, sin importar su condición social. Sin embargo, esta concepción del ser humano, así como el valor que tenía, le era otorgado por un agente exterior –Dios– y no por él mismo.
En el siglo XV, Giovanni Pico della Mirandola, en su texto Discurso sobre la dignidad del hombre, expuso las características que distinguen al ser humano de otros seres vivos; esto permitió observar que todos los seres humanos somos igual de valiosos.
Una de las principales características identificadas por Pico della Mirandola es que las personas, pese a estar determinadas biológicamente, tienen la capacidad de tomar decisiones y actuar de manera autónoma; esta capacidad de autodeterminación y de autonomía permite autodefinirse y autoconstruirse.
Concebir al ser humano en su ser y existencia como un ser autónomo adquiere una relevancia importante en la historia de la humanidad, ya que dicha concepción proviene de una idea intrínseca de lo que significa ser un ser humano; asimismo, se aleja de manera significativa de aquellas concepciones que provenían de afuera, ya sea dadas por un Dios creador o por la posición social a la que pertenece un individuo.
El concepto de dignidad humana deriva de esta visión intrínseca sobre lo que significa ser un ser humano, de hecho, esto concepto se refiere al valor personal, propio, específico e inalienable que poseen todas las personas independientemente de su origen, raza, género, creencias, posición social etcétera.
La dignidad humana señala cómo debemos ser tratadas las personas, es decir, el trato que debemos recibir debe estar basado en lo que somos y la concepción que se tiene respecto a nuestra humanidad. De este modo, se sustenta en la capacidad racional y volitiva del ser humano, concretamente en su capacidad de autonomía y libertad.
Esta dignidad no debe ser entendida como un rasgo de superioridad de los seres humanos, sino más bien como el punto de partida que nos permita mantener una relación de igualdad, respeto, cordialidad, decoro, entre todos.
Siguiendo las reflexiones del filósofo alemán Emmanuel Kant, la dignidad humana es un valor absoluto que se fundamenta en la naturaleza moral del ser humano, que nos permite comprender que las personas son un fin en sí mismas, es decir, cada persona es respetada en su autonomía, libertad y ejercicio de sus derechos fundamentales.
*Profesora del plantel Oriente