Flow, película dirigida por Gints Zilbalodis y nominada a lo Premios Oscar, te hace sentir angustia desde los primeros minutos; sin embargo, también te provoca una extraña mezcla de tristeza y tranquilidad. Su estilo minimalista, sin diálogos y junto a la banda sonora logra crear el ambiente perfecto para reflexionar.
En un mundo donde los humanos han desaparecido, un gato vive su vida con normalidad. El entorno se inunda, por lo que está obligado a buscar refugio.
En su travesía, se une a un grupo de animales que también luchan por sobrevivir. A medida de que navegan por un mundo cubierto de agua, deben aprender a convivir y trabajar juntos para enfrentar las adversidades.
Aunque es una película de ficción, no se aleja tanto de la realidad. Tal vez no se refiera a los animales, sino a uno mismo enfrentando sus propias emociones y aprendiendo a coexistir con ellas.
Cada uno de los personajes tiene una personalidad distinta y compleja, lo que genera conflictos entre ellos.
Este es uno de sus grandes aciertos, ya que logra expresar sus pensamientos y motivaciones sin necesidad de diálogos ni de humanizar a los animales, permitiendo que sus acciones hablen por sí solas.
Hay una escena que define el mensaje de la película: el agua comienza a subir y cubre poco a poco la casa en la que parece haber vivido un humano, tal vez el dueño del gato; su desesperación lo obliga a tomar una decisión de inmediato: aferrarse a su casa, su lugar seguro, o dejarlo atrás para sobrevivir.
Esto refleja una realidad que enfrentamos en la vida para seguir adelante. Muchas veces es necesario hacer cambios, salir de la zona de confort, incluso cuando eso signifique abandonar lo que conocemos.
Esta idea se refuerza a lo largo de la película; muestra la importancia de la adaptación y la necesidad de avanzar sin enfocarse en el final o el futuro, sino en disfrutar el camino, solo dejarlo fluir.
Los increíbles paisajes apocalípticos, el desarrollo de los personajes, la banda sonora y el estilo especial en la animación hacen que esta película se sienta como si estuvieras jugando un videojuego, donde se presenta un nuevo obstáculo que impulsa a los protagonistas a continuar en su misión.
A primera vista es una historia que parece muy simple: un grupo de animales tratando de sobrevivir, después de todo la película se llama Flow, es decir, fluir, pero si la observas desde otra perspectiva encontrarás tu propio significado. Ese es precisamente el propósito del director, dejar el final abierto a la interpretación.