Hay muchas capas en las apariencias

El conflicto entre el “ser”, el “querer ser” y el “deber ser”

Hay muchas capas en las apariencias
El conflicto entre el “ser”, el “querer ser” y el “deber ser”

La relación entre el “ser”, el “querer ser” y el “deber ser” se ha visto mucho más expuesta gracias a las redes sociales.

Hoy en día la gente sigue siendo xenofóbica, homofóbica, transfóbica, clasista y racista.Eso no cambia, pero las personas saben que sus más oscuros pensamientos están destinados al plano de lo íntimo.

Públicamente, el “deber ser” dicta nuestra conducta. Un claro ejemplo de esto se ha manifestado en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, en las que la mayoría de la gente que votó por Donald Trump no se atreve a decirlo abiertamente porque sabe que, al hacerlo, todos sus miedos y odios quedarían expuestos.

La obra de teatro Lo mundano, que forma parte de Limbo, segunda producción presencial de Teatro Isla de Próspero, exhibe el conflicto entre el ser, el querer ser y el deber ser.

Esta pieza cuenta la historia de dos hermanas (interpretadas por Lulú Zamora Urbán y Cynthia Guadarrama) que se reencuentran en los separos. Una de ellas ha sido arrestada después de realizar una protesta, al subirse a un árbol para evitar su tala.

El discurso del personaje es muy claro; de acuerdo con sus propias palabras, ella busca ser una inspiración, un ejemplo para la niñez, además de que desea salvar a su familia, a la sociedad, y en sí, contribuir con acciones de protesta para salvar el planeta.

Los ideales de Vivián despiertan la empatía del espectador, pues ella se preocupa y ocupa del equilibrio natural.

En contraste, su hermana Susana, quien llega a los separos a ayudar a su hermana, trabaja en el negocio familiar, mismo que se dedica a la tala.

En este contexto, el conflicto es evidente e inevitable. Las posturas de cada personaje son diametralmente opuestas y parecen irreconciliables.

Mientras la obra avanza, el conflicto público pasa a lo privado; Susana, quien parece conocer bien a su hermana, asegura que toda la protesta de Vivián no es más que una forma de atacarla personalmente.

Así, nos enteramos que en el seno familiar, Susana es la que se encarga de cuidar las relaciones interfamiliares, de ayudar, de servir a los intereses de sus padres y quien mejor se ha llevado con los “familiares vivos y muertos”; por el contrario, se sugiere que Vivián no logra establecer relaciones sólidas y sanas con ningún pariente.

 

La estrategia de la hermana

Se deja entrever que Vivián siente celos por las capacidades que tiene su hermana para generar lazos afectivos con los demás. De ahí que, en opinión de Susana, el asunto de la protesta Vivián sólo es una estrategia para atacarla directa y efectivamente.

Al parecer, con el proceder de su hermana, el deseo de Susana por querer ser una empresaria exitosa se esfuma, quedando ridiculizada ante sus pares.  Susana piensa que Vivián la ha buscado ahora solo porque necesita dinero para pagar su fianza y salir de la situación en la que se encuentra.

Al ser confrontada directamente por su hermana, ante la pregunta frontal de: “¿Qué hiciste con el dinero que te dejó el abuelo?”, Vivián se ve obligada a confesar que también lo invirtió, que ahora piensa vender sus acciones, pero que, por lo pronto, sólo quería confirmar que su hermana la visitaría y la apoyaría.

Susana duda, así que insiste, preguntando a su hermana qué tipo de inversión realizó. Viviana contesta que tiene acciones en el Tren Maya.

En ese momento, descubrimos —junto con Susana— que Vivian es una ambientalista por el deber ser, es decir, que tiene la apariencia de serlo, mientras que en su verdadero ser, es una mujer dedicada a cuidar sus intereses personales.

El tema de la obra es sencillo y el público de Limbo disfrutó de Lo mundano en cada función. Las profesoras e intérpretes Lulú Zamora Urbán (Susana) y Cynthia Guadarrama (Viviana) desarrollaron a lo largo del circuito una complicidad que hacía cada vez más disfrutable su trabajo.

Me parece que uno de los aciertos de este montaje es que las actrices interpretaron a sus personajes sin juzgarlos, buscando dotarlos de verdad, con motivaciones claras, con deseos profundos y con un deseo de mostrar que entre el ser, el querer y el deber hay muchas capas que no siempre resultan transparentes ni para quienes las transitan. 

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