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TRES DÉCADAS DE HISTORIA E INNOVACIÓN

Elevar la capacidad tecnológica y científica desde el bachillerato se consolidó con este proyecto

TRES DÉCADAS DE HISTORIA E INNOVACIÓN
Elevar la capacidad tecnológica y científica desde el bachillerato se consolidó con este proyecto

En un día común, la vida escolar en este espacio es ardua. Sus laboratorios acogen las investigaciones sobre problemáticas actuales de profesores y estudiantes, también hay talleres científicos de diversas disciplinas, iniciativas de conservación y estudio de especies en peligro de extinción, pero sobre todo es un lugar para conocer, escuchar, descubrir, preguntar  e indagar, es el Sistema de Laboratorios para el Desarrollo y la Innovación, mejor conocido como Siladin, que llega a sus primeros 30 años de desarrollar la ciencia hecha en  el bachillerato. 

Una trayectoria que cuenta también el mismo desarrollo del Colegio de Ciencias y Humanidades, de su comunidad de profesores, estudiantes, trabajadores y funcionarios. Pero, sobre todo, del ímpetu del entonces rector de la UNAM, José Sarukhán Kermez, principal promotor de la creación de este recurso para la enseñanza de las ciencias. 

 

EL ANUNCIO

Aquel 6 de diciembre de 1993, el secretario general de la entonces Unidad Académica del Ciclo del Bachillerato (UACB), Zoilo Ramírez Maldonado, anunciaba el proyecto Siladin,  conformado por los laboratorios Avanzados de Ciencias Experimentales (LACE) y de Creatividad (CREA).

Al detallar sus objetivos, mencionaba que este recurso permitiría la creación de propuestas didácticas que harían viable la mejoría de la docencia y la enseñanza de las ciencias experimentales, elevarían el interés del estudiantado por las carreras tecnológicas y científicas y modificarían su cultura; sería “algo parecido a un centro de investigación educativa y desarrollo de nuestra institución. Eso no ha existido en el Colegio y no existe en ningún otro sistema de bachillerato en el país”. 

Tal suceso se trataba de la mayor oportunidad de crecimiento para el CCH desde su creación, ya que se construirían más de 7 mil metros cuadrados para el conjunto de planteles del bachillerato, equipo de laboratorio, cómputo, audiovisual y otros complementos, lo cual también ayudaría a formar profesores en el campo de la investigación.

El anuncio era la confirmación de un largo trabajo previo, que el entonces rector, José Sarukhán Kermez, había iniciado en el primer periodo de su administración (1989-1993), y que continuaría en el segundo (1993-1997), al poner énfasis en el buen desarrollo de la vida académica, que exigía mejorar la infraestructura para el estudio y el trabajo académico. 

Así, el Siladin sería una realidad gracias al Programa UNAM-BID, que promovía el desarrollo económico y social de México, mediante la elevación de su capacidad científica y tecnológica, así como en áreas universitarias, explicaría en otro momento Ramírez Maldonado. 

Con estos recursos, se detalla, se elevaría el nivel de docencia en las disciplinas de las ingenierías, las ciencias exactas, naturales, agropecuarias, y de la salud, en todos sus niveles; se aumentaría la matrícula de posgrado en las áreas científicas y tecnológicas, y el aprovechamiento en los tres niveles de estudio; se reduciría la deserción escolar y se reorientaría la composición de la matrícula de primer ingreso a la licenciatura. 

Dicho convenio, además de favorecer la construcción de los Siladin en cada plantel, también benefició a los laboratorios curriculares, pues se rehabilitarían 16 laboratorios de los 24 que en promedio contaba cada plantel.

 

TRABAJO UNIVERSITARIO

En el libro Desde el sexto piso, el exrector evoca este periodo. Narra que, frente a las dificultades presupuestarias de la Universidad, buscó otra vía para obtener recursos para concretar sus principales líneas de acción para su rectorado, entre las cuales figuraba su atención al bachillerato. Un recurso viable fue solicitar un préstamo al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dicha idea lo conoció también el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Pedro Aspe. 

En mayo de 1990, recibió una nota donde se decía que el presidente del BID (Enrique V. Iglesias García) daba instrucciones para “dar a su solicitud especial consideración dada la importancia de la UNAM para el proceso de modernización de su país”. 

Con esta respuesta, se iniciaron los trámites y un grupo de universitarios tomaron la responsabilidad del proceso, señala en su texto el exrector, y en un primer documento El perfil 1, “quedó asentado que la formación de recursos humanos era el objetivo central del Programa UNAM-BID”. 

 Para junio de 1991, el organismo internacional reconocía que dicho programa era “un proyecto educativo para el desarrollo científico y tecnológico del país”. En febrero del siguiente año llegó la segunda misión de identificación donde se establecían las justificaciones razonadas de cada una de las obras y construcciones propuestas por la UNAM. 

Respecto al bachillerato, menciona en el texto, “se pensó en fortalecer la enseñanza y la práctica de las ciencias experimentales, para lo cual se diseñaron los Laboratorios Avanzados de Ciencias Experimentales (LACE) en la Escuela Nacional Preparatoria, y el Sistema de Laboratorios para el Desarrollo y la Innovación (Siladin) o Laboratorios de Creatividad como también se les conocía, en los CCH, en los que los alumnos podrían llegar a imaginarse y desarrollar proyectos de investigación”. 

No obstante, a mediados de 1992, la nueva vicepresidenta del BID no estaba de acuerdo con el préstamo y detuvo el proceso. Ante la posibilidad de cancelación, el exrector junto con otros universitarios expuso ante la nueva funcionaria sus argumentos.

Sin embargo, en relación con los recursos que serían destinados al bachillerato esto se mantenía en vilo, nuevamente el exrector tuvo que argumentar el hecho de que “el bachillerato representaba una cantera de estudiantes atraídos a las carreras relacionadas con la investigación, tanto en las ciencias sociales como en las ciencias naturales y la ingeniería”. 

No fue hasta finales de ese año cuando se recibió la confirmación, mediante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, de que el préstamo había sido otorgado; sería hasta el 19 de enero de 1994 cuando se formalizaría. 

“El monto total fue de 230.5 millones de dólares, de los cuales 122 millones provenían del BID, 30 millones del Fondo Español del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y 78.5 millones del Gobierno Mexicano”; de los cuales “poco más de dos tercios estaría dedicado a atender la modernización del bachillerato, de las unidades multidisciplinarias y de las facultades y escuelas”.

 

LA ESPERA

Los avances de la construcción de los laboratorios del Siladin fueron constatados por autoridades universitarias y también por funcionarios del programa UNAM-BID, como sucedió en el plantel Azcapotzalco y Sur, respectivamente, en los primeros meses de 1996.

Mientras se consolidaba la infraestructura y el equipamiento, profesores del CCH comenzaban a desarrollar propuestas de trabajo experimental y de formación para docentes, como sucedió en el plantel Vallejo, con un anteproyecto que invitaba a reflexionar sobre los problemas que se enfrentan los profesores al acercar al alumno a la actividad experimental. 

En este mismo tenor, se desarrolló en octubre del mismo año, la Primera Jornada Sistema de Laboratorios de Innovación (Presentación de proyectos 96-97) en el edificio del Siladin del plantel Vallejo, el cual estuvo dirigido a los profesores de carrera o asignatura.

 

ABREN SUS PUERTAS  

El año 1996 trajo al Colegio la concreción de muchos procesos que años atrás habían empezado; primero, se llegaba a los 25 años de la mano de un proceso de actualización de su Plan y Programas de Estudio. También se realizó la remodelación de los laboratorios curriculares, la instalación de la Red UNAM-Internet, atención a la actualización docente y, en especial, la construcción de los Siladin en sus cinco planteles. 

Después de un largo proceso, el 19 de octubre de 1996, el entonces rector José Sarukhán Kermez, ante la comunidad estudiantil y académica del plantel Naucalpan, inauguraba las instalaciones del Siladin, construido en una superficie aproximada de 2 mil 500 metros cuadrados y con equipamiento para las asignaturas de Física, Química y Biología, dos laboratorios de cómputo, dos espacios audiovisuales, una biblioteca con equipo de cómputo un taller de óptica y telescopios, y un invernadero.

Se concretaba el proyecto, pero al mismo tiempo iniciaba una prometedora travesía. En su discurso inaugural el exrector resaltó que el programa UNAM-BID era utilizado como un modelo en el BID por su finalidad; también, reconoció el trabajo de mucha gente para hacer realidad al sistema. 

“El bachillerato fue la parte más difícil para la consecución de esta empresa, de hecho, estuvo a punto de perderse el préstamo por la insistencia de la Rectoría de incluir al bachillerato, pues el BID no creía que una universidad debía tener ese nivel de educación, ni tampoco que una institución tan grande como la UNAM fuera operativa. Después de las reuniones que tuvimos confían en la Universidad y también creen que fue adecuado apoyar al bachillerato”. 

En este sentido, llamó a que los nuevos laboratorios tuvieran efectos tangibles en la mejoría del desempeño del estudiante, en su egreso y en su licenciatura, pero también enfatizó que, aunque se tengan buenos laboratorios con excelentes equipos y bibliotecas, sin los profesores como guías no servirían de nada; “ésta es la responsabilidad que la Universidad deja luego de mejorar la infraestructura del bachillerato. Estoy seguro que sabrán responder por la Universidad y por nuestro país”. 

Previo a concluir su rectorado, el 2 de diciembre, Sarukhán Kermez inauguró las instalaciones del Siladin en el plantel Vallejo y simbólicamente los espacios también de los planteles Azcapotzalco, Oriente y Sur. En este acto, informó que la construcción de los Laboratorios LACE en los cinco planteles del CCH tuvo un costo de 37 millones de pesos, 7.4 millones por plantel.  

Hoy, a treinta años de distancia, las temáticas han llevado a estudiantes y profesores a presentar soluciones a diversas problemáticas actuales bajo perspectivas inter y multidisciplinarias, lo que augura que el trayecto del Siladin en el CCH continúe impactando en la vida de muchos jóvenes mexicanos. 

 En su libro Desde el sexto piso, el exrector Sarukhán relata cómo se gestó la creación del Siladin.

 

El bachillerato fue la parte más difícil para la consecución de esta empresa, de hecho, estuvo a punto de perderse el préstamo por la insistencia de la Rectoría de incluir al bachillerato, pues el BID no creía que una universidad debía tener ese nivel de educación, ni tampoco que una institución tan grande como la UNAM fuera operativa”.

José Sarukhán Kermez

Discurso inaugural instalaciones del Siladin, 1996

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