Jaime Saenz

Jaime Saenz

El escritor boliviano vivió sus adicciones al límite

Jaime Saenz
El escritor boliviano vivió sus adicciones al límite

La vida de Jaime Saenz (Bolivia, 1921-1986) es lo más cercano al cliché de la vida bohemia.

Con esto no quiero insinuar que el autor lo sabía o lo haya buscado, sino que la propia inercia de las adicciones y el alcoholismo lo llevaron a posicionarlo como el escritor maldito de su generación en su país y ser el mito literario que hoy es.

La obra de Jaime es casi desconocida en México.

El Fondo de Cultura Económica (FCE) publicó una antología poética del autor, Recorrer la distancia, que incluye, grosso modo, lo mejor del boliviano como poeta.

Y si uno lee con atención, encuentra verdaderas muestras de alta poesía:

 

En el calor del verano, en el frío del invierno, en luz de la primavera

-en un abrir y cerrar de ojos.

Rasgando el horizonte o sepultándose en el abismo,

aparece y desaparece la verdadera vida.

 

Poeta, novelista, cuentista, dramaturgo, Jaime Saenz creó un universo literario en torno a su país natal, Bolivia, y a su némesis eterna, el alcoholismo.

Su novela Felipe Delgado, en algunos momentos costumbrista, en otros vanguardista, y aunque a veces cae en la sobreadjetivación, es una declaración de principios sobre el tema central que es la adicción.

Más allá del debate de si es una autobiografía, la novela nos pone en la escena a un personaje transitado por los vicios, el alcoholismo, el proceso creativo, la muerte y un país, como todo latinoamericano, en la frontera de la violencia y el folclor.

Yo llegué a Jaime porque estuve indagando mucho sobre la poesía sudamericana.

Hombres y mujeres. Roberto Juarroz, Blanca Wiethüchter (de quien escribiré la semana entrante), Adela Zamudio (una de las pioneras en el feminismo en Bolivia), entre muchas otras y otros autores.

Jaime me atrajo por la sinceridad con la que cuenta.

Su libro de poesía La noche es revelador, una carrera a contracorriente con la vida.

Algo similar a lo que Malcolm Lowry narraba en Bajo el volcán, aunque con el filo del poeta que nada se guarda, que no intenta persuadir a un lector con trama, es un acto poético tanto en el fondo como en la forma.

 

Los grandes malestares causados por las sombras, las visiones melancólicas surgidas

de la noche,

todo lo horripilante, todo lo atroz, lo que no tiene nombre, lo que no tiene porqué,

hay que soportarlo, quién sabe por qué.  

 

Cada poema, desde su estructura, nos muestra el aceleramiento, un aparente descuido, poemas entre la narración y el verso, que corren desbocados al fondo de la noche, como diría Louis-Ferdinand Céline.

Creo que intentar (aunque sea sólo intentarlo) leer a Saenz permitirá entender mejor el alma humana, porque no se trata de una realidad alterna o extranjera, sino de lo más hondo del entendimiento de hombre frente a sus propias miserias.

Además de La noche y Felipe Delgado, es autor de los libros de poesía Cuatro poemas para mi madre, Muerte por el tacto, Aniversario de una visión y Visitante profundo, entre otros, y de la novela Los papeles de Narciso Lima-Achá.

Autor obsesionado con la muerte y la bebida, Jaime Saenz es uno de esos autores de culto que, al menos una vez, aunque sea un poema, hay que leer.

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