Suele definirse a la tragedia como una obra que representa acciones funestas y, a menudo, termina en muerte, pero esta definición se queda en la superficie.
El gran filósofo Aristóteles, al analizar las grandes tragedias de su época, explica en su Poética que “el mito es la mímesis de la praxis a través del pathos hasta la anagnórisis”. Dicho de otro modo, “la historia trágica imita acciones humanas en torno al sufrimiento de los personajes y a la piedad, hasta el momento del reconocimiento de los personajes entre sí o de la toma de conciencia del origen del mal” (Pavis, 2015).
Tanto el concepto como la forma que toma la tragedia están sujetos al momento histórico en el que surgen.
La tragedia se conformó como género según la tradición de la época; por ejemplo, en la Grecia Antigua tenía un lenguaje elevado y poético, así como el empleo de las unidades aristotélicas. Más adelante, en el siglo XVII en Francia, las tragedias como las de Jean Racine reinterpretaron las unidades aristotélicas y añadieron la del decoro.
En ambos casos, sus protagonistas son personajes nobles que realizan una acción elevada y, al provocar compasión y temor en el espectador, su intención consiste en llevar a cabo la purgación de tales emociones.
Los trágico: las condiciones que llevaron al desenlace
En el fondo, la tragedia “se trata (…) del conflicto que no permite ninguna solución y (que) puede originarse de la contradicción de las circunstancias, cuando sólo tiene tras de sí un motivo natural auténtico y es un conflicto auténticamente trágico” (Lesky, 2001, p.48).
Por lo anterior es que al final de toda tragedia se halla la destrucción o la muerte; entonces, lo trágico está en las condiciones que condujeron a tal desenlace.
Aunque algunas personas crean que una ruptura amorosa es algo trágico, en realidad no lo es. Arthur Miller explica que una regla general de lo trágico radica en el sentimiento que nos evoca una obra en el cual un personaje entrega su vida para asegurar lo único que le queda: su dignidad o la preservación de su lugar en la sociedad.
En cambio, según Oskar Walzel, en su estudio La tragedia según Schopenhauer y la tragedia de hoy, afirma que Schopenhauer llamó “la tragedia de las circunstancias” a aquella que es originada cuando cosas opuestas, “pero igualmente justificadas, provocan el conflicto” (Lesky, 2001, págs. 66-67).
Por último, de acuerdo con la investigadora Claudia Cecilia Alatorre, el conflicto de la tragedia está en el choque de los valores del protagonista contra el “orden cósmico”, el cual puede entenderse como la ideología, filosofía, valores o cultura de la colectividad.
De esta manera, como menciona la especialista, el protagonista, al obedecer sus propios impulsos, transgredirá alguna ley humana o norma del “orden cósmico”. Para que el orden se restablezca es necesaria la destrucción del transgresor. Por lo anterior, en la tragedia se verá un ciclo de orden y desorden por los que el cosmos se mueve. Algunos ejemplos son: Edipo Rey, de Sófocles, o Macbeth, de William Shakespeare.
Referencias:
Lesky, A. (2001). La tragedia griega. Quaderns Crema, S.A.
Pavis, P. (2015). Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología. Espasa Libros Paidós.
Vivar, F. (2004). La Numancia de Cervantes y la memoria de un mito. Editorial Biblioteca Nueva, S.L.
Weber, M. (1977). Economía y Sociedad, V. 1. Fondo de Cultura Económica.
