Una de las contribuciones más significativas de Friedrich Nietzsche a la ética es el descubrimiento de que, al interior de ella y de su historia, operan procesos que resignifican y reconstituyen a los valores, demostrando, entre otras cosas, que estos no son entidades atemporales y ahistóricas independientes de las dinámicas humanas. Nos referimos a la llamada “transvaloración” o inversión de los valores.
Dicho proceso muestra las relaciones que atraviesan a la ética y la vinculan con campos y prácticas como la política, la economía, la estética, la lucha de clases, etcétera.
Expliquemos brevemente en qué consiste dicha operación por medio del ejemplo que utiliza Nietzsche.
En su texto Genealogía de la moral, Nietzsche pretende describir los orígenes de la moral europea ilustrada, es decir, de los siglos XVIII y XIX.
Dicho ejercicio de memoria lo lleva a destacar dos momentos cruciales en su historia: la moral aristócrata de la Grecia clásica (siglos V y IV a. de C.), y la moral cristiana iniciada con las prácticas ascéticas al interior de la propia Grecia clásica (siglo VI a. de C. al siglo XX, sino es que a nuestro presente).
El filólogo alemán narra esta historia de la siguiente manera. La clase aristócrata ateniense contaba con unos valores que expresaban sus ideales, intereses y proyecto de vida. Dicha clase social entendía como “bueno” todo aquello que promocionaba la vida: la fuerza, el vigor y el placer sexuales, la apariencia bella, la salud, el ocio, la alegría, etcétera.
En contraparte, los aristócratas griegos entendían como “malo” todo aquello que obstaculizaba el desarrollo de una vida sana y alegre, como la fealdad, la falta de vigor sexual, el desinterés por el placer, la debilidad, la enfermedad, el trabajo manual, el desmedido esfuerzo físico, etcétera.
Obviamente, este grupo social entendía así el bien y el mal porque esto les permitía perpetuar sus privilegios, así como la correspondiente diferencia y tutela sobre otros grupos como los trabajadores, los esclavos o las mujeres.
Los ascetas cambiaron todo
Cuenta Nietzche que una Grecia con una moral así, que fue hegemónica durante el periodo clásico, recibió a viajeros provenientes de Asia y África (recuérdese que Grecia, durante la antigüedad, fue una región receptora de gran variedad de productos culturales provenientes de lugares como Egipto, la India o Persia).
Unos de estos viajeros fueron los ascetas, que pensaban que los seres humanos no sólo se conformaban de un cuerpo físico, sino también de un alma, mucho más importante que el primero.
Pensaban que el alma sólo podía desarrollarse oponiéndose al cuerpo, la vida tenía que ser vivida en contra de éste. Por ejemplo, se pensaba que el ayuno le permitía a las personas desentenderse de las necesidades mundanas y poner atención en las necesidades espirituales, mucho más altas que aquéllas.
Todo esto colocaba a los ascetas, desde la perspectiva de la moral aristócrata griega, en la posición de lo malo: cuerpos débiles, enfermos, feos, faltos de vigor y de alegría.
Por supuesto, los ascetas no se sintieron satisfechos con esta recepción y para mejorar su estatus realizaron una operación: la susodicha inversión de valores, estableciendo que lo verdaderamente bueno es lo que los griegos aristócratas denominaban como malo, aquello que nos permite ponernos en contacto con el alma.
Con el paso del tiempo esta inversión fue exitosa por diversos factores, como la representación y capitalización de los oprimidos de aquel entonces.
Este éxito, piensa Nietzsche, fue el inicio de la decadencia de Europa, pues con él todas las culturas europeas provenientes de Grecia se alejaban de los recursos culturales que les permitirían desarrollarse como civilización.
Sin embargo, más allá del éxito o del fracaso de la civilización europea, nos interesa resaltar cómo los valores morales son un escenario y un bastión de las luchas entre los grupos sociales.
Lograr imponer y definir de una cierta manera lo que es bueno (lo que conviene, lo que es atractivo, lo que hay que ser y tener), le permite a un determinado grupo posicionarse en un campo social y ejercer unas relaciones de poder que, a su vez, los dotarán de recursos con los que intentarán establecer un dominio.
*Profesor del plantel Naucalpan
