Cuando nos referimos al concepto del amor, por lo regular lo relacionamos con el amor erótico. Este amor del cual se escriben cientos de canciones, obras literarias o producciones cinematográficas transita a través de la intensidad y la fugacidad de la pasión.
Sin embargo, María Zambrano señala que las historias de amor eclipsan las de la amistad, como si la amistad careciera de la fuerza vital y psíquica para nutrir la literatura, cuando la vida de la especie humana, a través de la amistad, se inspira y sostiene el amor.
Para esta filósofa, la amistad es serena y racional, formada de una constante dedicación sin pausa ni los arrebatos de la pasión.
Epicuro era un filósofo de la antigüedad para quien el fin de la vida estaba en la amistad y es una de las razones por las que vale la pena vivir.
La palabra “filosofía” se compone etimológicamente del término “filial”, el mismo al que nos referimos con la amistad;, por ende, aunque podamos aceptar el término griego “filo” como deseo, también podemos ver al conocimiento como una amistad que ha de procurarse.
La amistad es fraternidad. Para Aristóteles, es un lujo supremo que se da en la madurez del intelecto, diríamos la flor de la lograda mayoría de edad. Así, la amistad es para el ser humano la más grata y necesaria compañía.
También vence el egoísmo, la pretensión de individualidad o de jerarquías y florece la generosidad. La amistad es concordia, es decir, diálogo entre los corazones.
La amistad brinda cobijo, comprensión, contención, acompañamiento. Mientras que el amor erótico busca la posesión y la exclusividad, en el caso de la amistad es un vinculo compartido.
La célebre frase de Los tres mosqueteros: “Todos para uno y uno para todos”, es el canto a la amistad colectiva.
Siguiendo a Aristóteles en la Ética a Nicómaco, dice que la amistad era una virtud que permitía crear comunidad y con la cual se consolidan las virtudes cívicas, es el lazo de las ciudades, en el que se procura el bien común.
Amigo en comunidad
Ser amigo del mundo, de tu comunidad, significa creer en la humanidad y procurarla porque nos pertenecemos. La amistad sostiene y da fortaleza tanto a nivel individual, pero también puede ser pensada a nivel colectivo.
La amistad puede extenderse a la comunidad y con ello dotar de mejores condiciones sociales para estar y convivir con los demás. Cuando pensamos en el ser humano como un ser social, pensamos en todos los espacios en los que convivimos e interactuamos, vinculados por los espacios comunes o por los afectos.
Hacer amistad es tan necesario que los abrazos y la escucha activa hoy día son el mayor tesoro.
Hoy día, tan necesaria la salud mental y la soledad tan presente en una cultura que fomenta el individualismo, la amistad crea lazos que hace la vida llevadera y pueden ser los lazos más estrechos.
Practicar la auténtica amistad nos conduce a fomentar la empatía y comprender a los demás. En tiempos de crisis, busquemos eso que Aristóteles llamaba “la amistad cívica”.
La amistad, entonces, no solo sostiene y fortalece personalmente, sino que puede pensarse como fundamento de la comunidad y la vida política.
Es concordia, diálogo entre corazones, y virtud que permite crear comunidad. Sin amigos, ha dicho Aristóteles, nadie elegiría vivir, aunque poseyera todos los demás bienes.
*Profesora del plantel Azcapotzalco
Referencias:
Aristóteles, (1983) Ética nicomaquea, UNAM.
Cortina, A. (2007) Ética de la razón cordial. Educar en la ciudadanía, Ed. Nobel.
Epicuro (2000) Sobre la felicidad, Debate
Nussbaum, M. (2018) El cultivo de la humanidad, Paidós Zambrano, M., (2007) Filosofía y educación (Manuscritos). Ágora.
