De acuerdo con Simone Weil, filósofa, activista y política francesa, “ el echar raíces quizás sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana; es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro”.
Con este preámbulo, María Zorrilla Ramos, maestra en Estudios Regionales por el Instituto Mora, impartió la conferencia “Arraigo y cuidados de la Tierra”, una charla organizada por el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la que realizó una analogía entre los procesos de los ecosistemas y lo que “nos enseñan los enraizamientos, lo que nos hace enraizar como personas”.
En la presentación, Zorrilla Ramos explicó las diferentes necesidades que Simone Weil consideraba “fundamentales para el alma”, entre ellas, las físicas y las colectivas, las cuales deben procurar la vida, el cuidado, la dignidad y el respeto, además de la protección a la violencia.
Por ello, la especialista universitaria enumeró estas necesidades: el orden al deseo del bien, la libertad como posibilidad de elección; la obediencia a regla con uno mismo y los demás; la responsabilidad, la igualdad, la jerarquía ante los símbolos de la comunidad; el honor dentro de la colectividad; el castigo, la libertad de opinión, la seguridad, el riesgo, la propiedad colectiva, la propiedad privada, la verdad y el echar raíces.
En este último punto, la académica advirtió los riesgos de que un individuo viva sin una raíz social, cultural y colectiva que reafirme y sostenga su identidad: “Según Simone Weil, el desarraigo constituye por mucho la enfermedad más peligrosa de las sociedades humanas. Los seres desarraigados solo tienen dos comportamientos posibles: o caen en la inercia del alma, casi equivalente a la muerte, o se vuelven desenraizadores”.
Ante esta explicación, Zorrilla Ramos indicó que parte de su trabajo se centra en cómo generar sociedades y espacios donde todas las personas tengan derecho a enraizar y, para esto, “utilizo la analogía entre los ecosistemas y las sociedades, así podemos ver qué nos enseñan los ecosistemas y qué nos enseñan las raíces para poder transitar a una mejor sociedad”. Además, retomó la obra Las tres ecologías, de Félix Guattari, con la cual resaltó la importancia de que estas tres unidades se mantengan unidas (ambiental, social y emocional).
Plantas y humanidad
Durante su disertación, abordó el giro que ha tenido la botánica en los últimos 20 años, lo que ha permitido comprender cómo funcionan los organismos y la biodiversidad, así como el papel que juegan las plantas para conformar el mundo.
Así, estableció una comparación entre un individuo y una planta, organismo que cumple con un rol en la naturaleza, pero que también requiere de procesos de cuidado ante amenazas y, para ello, sus raíces deben estar cimentadas y alimentadas de manera constante, ya que “las raíces no solo sostienen la planta, no solo sostienen el ecosistema, sostienen la vida en el movimiento”.
En ese sentido, Zorrilla Ramos comentó que los individuos tienen derecho a enraizar en cualquier territorio, así como a permanecer: “Lo que nos enseña la naturaleza es que la vida también surge de la diversidad. La vida también surge de lo que llega darle espacio. La vida y la evolución. Y eso es algo que se nos olvida como sociedad”.
Por último, la académica señaló la necesidad de reforzar vínculos emocionales entre las comunidades, ya que “esos vínculos tienen que ver con contarnos, mirarnos, escucharnos, comprendernos y con la posibilidad de resistir a través de la hospitalidad, a través de la idea de refugio, a través de la idea de la dulzura”.
La vida también surge de lo que llega darle espacio. La vida y la evolución. Y eso es algo que se nos olvida como sociedad”.
María Zorrilla Ramos
Maestra en Estudios Regionales por el Instituto Mora
