Desde que comenzó El Rincón de la Cinefilia, uno de los únicos temas que he decidido ignorar, más que nada por falta de interés, son los famosos live action.
Recientemente, dos películas se estrenaron: Lilo y Stitch y Cómo entrenar a tu dragón; la primera todo un clásico, y la segunda un clásico moderno, cuyo estreno no tiene tanto tiempo.
Ambas tuvieron una misión importante en mente: ser lo más fieles al material original para atraer a las salas a toda la gente posible, pues con el tiempo aprendieron que ser diferente causaba más repudio que interés.
Por un lado, la producción de Disney hizo un trabajo “equilibrado” cambiando solo puntos clave de la historia, mismos que no terminaron de encajar y cuajar con una generación que tenía bien en claro el significado de Lilo y Stitch y la ohana.
Para una generación que creció entendiendo los distintos niveles de análisis de la película, ésta se maneja a partir de dos ejes: el desborde emocional de una niña que acaba de perder a sus padres y que aún teniendo a su hermana, no logra sentirse parte de su familia y una crítica político-social sobre la reprensión a los nativos de Hawái.
Ambas cosas fueron parte de esta adaptación, sin embargo, los mensajes son tan descafeinados que terminan sin funcionar del todo.
Por otro lado, en el live action de Cómo entrenar a tu dragón se optó por una vía aún más radical; se adaptó fiel a su origen, casi cuadro a cuadro, intentó replicar su éxito y eso ha sido aceptado por el público. La película es casi perfecta, solo tiene un defecto importante: No está animada.
El gran debate habla mucho de cómo el público parece nunca estar de acuerdo con sus exigencias, no les gustan los cambios. ¿Cómo debería ser una buena adaptación en ese caso?
En lo personal, la respuesta es que pocas veces una adaptación será la respuesta coherente para revivir una historia.
Hace unos años, con su película Pinocho, de Guillermo del Toro, el tapatío dijo sus ya míticas palabras hablando de la animación no como un género menor o infantil, sino como un arte en sí mismo. La realización de live action es la antítesis natural de esta idea, implica tomar una historia y decir: “eres suficientemente buena, mereces ser mejorada/recreada/seria”. Sin embargo, la animación siempre será un medio más expresivo.
Si la idea es llegar a nuevos públicos y que puedan vivir estas experiencias por primera vez, es una buena intención; sin embargo, la primera vez debe ser perfecta y esas historias ya existen y están animadas. Dudas y sugerencias a: luis@cchfilmfest.com
El dato
Lilo y Stitch emuló la campaña publicitaria que realizaron hace 24 años para su versión live action, haciendo que el experimento 626 compartiera anuncios con el grupo de Los Thunderbolts.
El director y guionista de Cómo entrenar a tu dragón (2025) es el mismo que realizó la película animada.
