Apocos días de que México sea nuevamente sede del Mundial de Fútbol 2026, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) inaugura Sportswashing. Las celebraciones deportivas como campaña de blanqueamiento político, una exposición que propone mirar más allá del entusiasmo deportivo para examinar sus implicaciones políticas. Abierta del 26 de marzo al 2 de agosto, la muestra invita a cuestionar cómo los grandes eventos deportivos han sido utilizados como herramientas de legitimación y propaganda.
El concepto de sportswashing se refiere al uso de espectáculos deportivos globales para mejorar la imagen de países o gobiernos cuestionados por violaciones a derechos humanos, represión o crisis internas. Lejos de criticar el deporte o a sus protagonistas, la exposición pone el foco en la instrumentalización política de estos eventos masivos y en el papel de organizaciones como la FIFA en la construcción de narrativas favorables.
Curada por Roberto Barajas, la muestra plantea un recorrido histórico que evidencia que este fenómeno no es nuevo. Desde el Mundial de Uruguay en 1930 hasta el de Catar en 2022, pasando por el torneo organizado por Mussolini en Italia (1934), las Olimpiadas de Berlín bajo el régimen nazi (1936), el Mundial de Argentina durante la dictadura de Videla (1978) o los Juegos Olímpicos de México en 1968, inaugurados poco después de la masacre de Tlatelolco, la exposición revela cómo el deporte ha servido para proyectar imágenes de orden, estabilidad y celebración, mientras se ocultaban conflictos internos.
Uno de los ejes más impactantes en Sportswashing es la videoinstalación de la artista argentina Adriana Bustos, que yuxtapone imágenes del Mundial de Argentina de 1978 con fragmentos del documental Olympia (Leni Riefenstahl, 1936), sobre las Olimpiadas de Berlín de 1936. La coincidencia visual entre ambos momentos históricos subraya la repetición de estrategias propagandísticas en contextos distintos.
La exposición reúne una amplia variedad de materiales: caricaturas de Rogelio Naranjo, documentos del Memorial del 68, fotografías de archivo, obras artísticas y materiales audiovisuales. En conjunto, construyen una narrativa que muestra cómo el espectáculo deportivo ha funcionado reiteradamente como una cortina que oculta realidades incómodas.
El Mundial 2026 parece avanzar sin cuestionamientos significativos
Además de revisar casos históricos, la muestra aborda el contexto actual. Los organizadores advierten que, a diferencia de lo ocurrido con el Mundial de Catar 2022, donde hubo críticas internacionales por las condiciones laborales, el Mundial de 2026 parece avanzar sin cuestionamientos significativos, pese a problemáticas relevantes en los países anfitriones.
En México, por ejemplo, se señala la contradicción entre la imagen festiva que proyectará el torneo y la persistente crisis de violencia. La cercanía de sedes deportivas con zonas marcadas por hallazgos de fosas clandestinas ilustra esta tensión. Según los curadores, el evento contribuye a construir una narrativa de normalidad que invisibiliza estas problemáticas, mientras colectivos sociales preparan movilizaciones durante el campeonato.
La exposición también recupera historias olvidadas, como la participación de la selección femenina en la Copa de 1971, un torneo no reconocido por la FIFA en el que México llegó a la final ante un estadio lleno. Este tipo de relatos forman parte de una apuesta más amplia por cuestionar las versiones oficiales y abrir espacio a otras memorias.
Acompañada de un programa académico con especialistas, Sportswashing. Las celebraciones deportivas como campaña de blanqueamiento político reafirma la vocación crítica del CCUT, centrada en los derechos humanos, la democracia y las resistencias sociales. Más que ofrecer respuestas cerradas, la exposición busca incomodar y provocar reflexión: recordar que, detrás del espectáculo, siempre hay historias que vale la pena mirar de frente.
