Giovanna Gigdem Jiménez Barragán proviene de una familia cecehachera. Sus padres, tíos y sus hermanas son también orgullosamente egresados del CCH, plantel Vallejo. Desde pequeña escuchaba las anécdotas que vivieron sus padres en su adolescencia en los espacios del plantel del norte de la ciudad. Su interés aumentó y se convirtió en su deseo: formar parte de la Universidad Nacional Autónoma de México, y lo logró.
Una gran sonrisa inunda su rostro cuando se le recalca que es la estudiante con el promedio más alto de su generación. “Estoy feliz y, en cierto modo, me lo esperaba. La verdad es que desde que entré vine con la convicción de dar lo mejor de mí”.
Recordó que hace tres años el ambiente en el plantel le pareció un poco sombrío, pero la pandemia poco a poco se alejaba; “ahora, tres años después, se ve mucha alegría, incluso con mucho color, porque cuando entramos se veía muy apagado”.
Ella, como el resto de los integrantes de su generación, aguarda el inicio de su ceremonia de egreso. La mañana es fresca y aún húmeda por la lluvia de la noche anterior, el verano se acerca, como también el ingreso a sus estudios profesionales.
Convicción
“Desde pequeña he tenido el deseo de ser médico y aquí lo vine a reafirmar. En la primaria pensaba en que quería estudiar en la UNAM, la mejor universidad de México y ahora lo estoy consiguiendo”.
De esta forma, Giovanna se va con muchos aprendizajes, “como el de pensar más allá de lo que nos dice un libro o alguien. En filosofía, una de mis materias favoritas, se nos enseñó a pensar por nosotros mismos; sí, dejarnos guiar, pero al final de cuentas razonar lo que nos dicen”.
Pero, sobre todo, afirma, se lleva el aprender a trabajar con sus compañeros. Me costaba mucho, venía de ser muy individualista, ‘solo soy yo’, y el CCH me enseñó a colaborar, después de estar aquí tres años aprendí a tolerar, aceptar, a escuchar, principalmente a escuchar.
Ahora su visión es más fuerte, y es que sus aprendizajes ahora se transforman en un objetivo: ayudar a los demás.
“Mi sueño es tener mi propio hospital, donde cualquier persona tenga acceso. Lo que vemos hoy es que la atención a la salud es para quien la puede pagar. Yo quiero atención para todos. Y no creo que sea la única que piense así, hay más jóvenes que piensan como yo, hay que ayudarnos a mejorar como seres humanos. La ciencia tiene que estar al servicio de la humanidad”.
Y en este propósito, confía en la fuerza de los jóvenes. “Queremos cambiar varias cosas del mundo y lo vamos a conseguir. Creo que ahora la sociedad se está desviando mucho, hay problemas que hay que atender, como el calentamiento global, el maltrato hacia ciertas comunidades, ahora estamos viviendo guerras. Hay que estar más conscientes de esto”.
Sobre el promedio alcanzado, la estudiante considera que se sostuvo en la constancia: “mi papá siempre me ha dicho que la constancia vence al talento; entonces, hay que estar trabajando constantemente y ser organizados. Todos somos capaces de hacerlo, nada es imposible”.
“Dedico este logro, principalmente, a mis papás, a toda mi familia que siempre estuvo motivándome, celebrando cada logro por pequeño que fuera y en los momentos difíciles. Esto es muy importante. Y les digo a los nuevos cecehacheros, que por más que las cosas parezcan difíciles nunca se rindan, siempre estén con la convicción de que lo van a lograr y den su esfuerzo máximo”.
Los altavoces anuncian que está por empezar la ceremonia de egreso. Giovanna se despide con una gran sonrisa y ante la pregunta de cuándo regresará al plantel Vallejo, dice con voz firme: “volveré al Colegio, a mi segunda casa, tal vez haciendo algo que ponga en alto a mi plantel, quiero que digan: ‘¡ella estudió en el plantel Vallejo!’”.
Mi sueño es tener mi propio hospital, donde cualquier persona tenga acceso. Lo que vemos hoy es que la atención a la salud es para quien la puede pagar. Yo quiero atención para todos”.
