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Entre todos se construyen sociedades equitativas

El patriarcado también oprime a los varones, daña la salud y relaciones

Entre todos se construyen sociedades equitativas
El patriarcado también oprime a los varones, daña la salud y relaciones

Hablar de género y masculinidades requiere sintetizar el largo recorrido de las mujeres y el feminismo que centró las discusiones en las desigualdades que viven y que han combatido. No es posible establecer un posicionamiento intelectual sobre qué es ser hombre sin reconocer las contribuciones feministas a los estudios de género.

Las primeras críticas sobre la subordinación de las mujeres hacia los hombres se dieron con la modernidad europea, pero se estructuraron hasta finales del siglo XVIII e inicios del XIX, en la primera “ola” del movimiento intelectual y político feminista.

El segundo impulso arrancó en la segunda mitad del Siglo de la Ciencia, en el contexto de la intensa actividad del liberalismo, el materialismo histórico y el anarquismo; y mantuvo su potencia hasta el primer tercio del siglo XX.

Las mujeres de la segunda ola lucharon por derechos como el sufragio, igualdad salarial, acceso a la educación, el aborto, el divorcio y la libertad e independencia psicoemocional y sexual.

Tras la guerra internacional contra el fascismo una tercera ola vino a reactivar la reflexión teórica y la acción política feministas. Ahora se hablaba de feminismos y se comprendió que la opresión de las mujeres es distinta en función de las diferencias de clase, género, condición racial, credo y país o región; uno de los conceptos centrales de esta ola fue “interseccionalidad”.

Ya en el siglo XXI, la llamada “cuarta ola” es mucho más complicada de abarcar, principalmente, porque se encuentra en pleno desarrollo. Se caracteriza por su carácter global y masivo, impulsado por la activación y organización a través del internet y las plataformas de redes sociodigitales.

En los últimos 50 años, las luchas feministas han permeado en todos los ámbitos de la vida pública y privada, los distintos niveles de gobiernos y poderes constituidos; la sexualidad y el cuerpo, y menos en el deporte, la música y el espectáculo.

También se incorporaron a la reflexión personas de la diversidad sexogenérica y hombres que han centrado su atención en la identidad y las implicaciones de la violencia masculina.

Hoy los estudios de las masculinidades gozan de respaldo y fortaleza, sobre todo en espacios académicos. Se ha dilucidado que el patriarcado también oprime a los hombres, mellando nuestra salud física y emocional, y también se han construido alternativas de masculinidades autocríticas, no violentas, y aliadas de la lucha feminista.

Cabe señalar que estos logros no son irreversibles ni permanentes, mucho menos han llegado a todas las personas y las realidades en las que viven.

En ello tenemos responsabilidad la población masculina, que hemos vivido amparados en los privilegios a los que accedemos por el hecho de ser hombres.

En espacios educativos, académicos e intelectuales, no cuestionar estos privilegios, no sensibilizarnos ni formarnos, a pesar de ser conscientes de las ventajas que nos otorgan, muestra la complicidad que fortalece al sistema patriarcal. Esa es la deuda histórica que tenemos los hombres con las mujeres y las luchas feministas, pero con nosotros también. 

* Profesor del plantel Sur

 

Fuentes consultadas

Varela, N. (2019). Feminismo 4.0. La cuarta ola. Ediciones B.

Varela, N. (2005). Feminismo para principiantes. Ediciones B.

Connel, R. (2015). Masculinidades. Universidad Nacional Autónoma de México.

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